El efecto más cruel
La crisis internacional pone en riesgo el avance de América Latina en la lucha contra la pobreza.
por Marisol Rueda
“Ahora comemos menos”. En Santa Ana Batha, una pequeña ranchería localizada en el estado central mexicano de Hidalgo, el único ruido que se escucha es el que provocan las bicicletas cuando a su paso levantan el polvo de las calles de terracería y la voz de María Isabel García, de 19 años, que repite “ahora comemos menos”. Lo dice en una pequeña localidad que nada sabe de los mecanismos de la crisis económica global, pero sí de ese, clarísimo, efecto.
María Isabel, que vive con sus dos hermanos y su madre, es parte del sector que saldrá más golpeado de la crisis internacional: los 253 millones de latinoamericanos pobres. “Aunque no tenemos cifras precisas, cabría esperar que la disminución de la pobreza se estanque, en términos de porcentaje, o que aumenten la pobreza y la indigencia”, predice Martín Hopenhayn, director de la División de Desarrollo Social de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
El estancamiento del empleo y el deterioro del ingreso en los sectores más vulnerables serán los principales factores del retroceso que se espera en materia de combate a la pobreza. Los daños no serán iguales para todos. Los países receptores de remesas y en donde los precios de los alimentos han subido más serán los mayores afectados.
Para María Isabel el deterioro comenzó a principios de 2008. Las ventas de la improvisada verdulería y de un pequeño criadero de borregos que tiene su madre empezaron a bajar. Y su padre, que trabaja en el sector de la construcción en Estados Unidos, suspendió sus envíos de dinero. “Mucha gente dejó de tener trabajo, empezó a comprar menos, y todos se están regresando de EE.UU”, dice María Isabel en referencia a los inmigrantes de su comunidad.
La familia de la joven se sostiene de los US$ 250 mensuales que su madre gana de la citada venta de verduras y borregos y de US$ 60 bimestrales del programa de transferencia condicionada Oportunidades que le otorga el gobierno mexicano. Al mes, ella, su madre y sus dos hermanos, de seis y 11 años tienen que vivir con US$ 310. “Menos que esto nos pondría en una situación muy cruel”, remarca ella.
En 2007, en América Latina el 34,1% -184 millones de personas- de la población vivía en pobreza y el 12,6% -68 millones de personas- en pobreza extrema. Sin embargo, en 2008 la pobreza sólo bajó casi un punto porcentual, al colocarse en 182 millones de individuos, mientras que la pobreza extrema aumentó a 71 millones.
Latinoamérica tuvo un mejor desempeño entre 2002 y 2007 -cuando disminuyó el número de pobres en 9,9% y el de pobres extremos, en 6,8%- gracias al crecimiento económico y la mejora del mercado laboral. Pero hoy la región corre el riesgo de perder lo ganado.
Los aumentos en los precios de los alimentos y los combustibles registrados desde principios de 2007, pese a que han dejado de subir, ya han impactado a los pobres de América Latina. “El ingreso es el mismo y las cosas han subido bastante”, dice María Isabel.
Ante tal situación, la CEPAL ha recomendado a los gobiernos latinoamericanos mejorar el funcionamiento del mercado laboral y reforzar la asistencia social a grupos vulnerables a través de canastas alimentarias, pensiones de emergencia y programas de empleo, entre otros. Lo mismo el Banco Mundial: “Es prioritario que haya una estrategia para enfrentar la recesión y coordinar todos los programas”, dice Gladys López, economista sénior de la entidad. “No hay otra opción, o se coordina y se hace frente a esta situación o el problema va a escalar”, anticipa.
A diferencia de otras crisis, esta vez América Latina tiene mejores fundamentos macroeconómicos y mayores reservas. “Una ventaja es que algunos países ya tienen programas asentados desde hace tiempo, así que no habrá un costo de operación fuerte”, explica Hopenhayn.
Es el caso de Oportunidades, en México, y Bolsa Familia, en Brasil. Ambos son programas líderes en transferencia condicionada de recursos en América Latina. Oportunidades atiende a 25 millones de mexicanos que viven en pobreza extrema, y Bolsa Familia cubre a un total de 45 millones de brasileños en pobreza y pobreza extrema.
Logros en peligro
Entre 2002 y 2006 México había logrado avanzar en materia de reducción de pobreza, moderando las cifras a 20,8 millones de pobres extremos y 21,9 millones de pobres. Pero al cierre de 2008 las condiciones eran otras. “Calculamos que los pobres extremos subieron a 24,5 millones debido a los incrementos en los alimentos básicos”, explica Neftalí Salvador Escobedo, coordinador nacional del programa Oportunidades.
En Brasil el panorama es similar. A finales de 2007 el país concentraba el 31% de los pobres de América Latina y el 26% de los pobres extremos de la región. En el período 2004-2008 los brasileños avanzaron en la reducción de la pobreza gracias al crecimiento de la economía, el aumento real del salario mínimo y las políticas de transferencia de ingreso.
“Entre 2004 y 2007 encontramos la combinación más virtuosa entre la expansión del PIB (4,5% al año) y del piso salarial legal (4,8% anual)”, dice Waldir Quadros, profesor del Instituto de Economía de la Universidad de Campinas. “La mayoría de las personas dejó la miseria y pasó a la pobreza, pero no ascendió a la clase media o a la media alta”.
Los gobiernos de Brasil y México han anunciado un incremento en el presupuesto de Bolsa Familia y Oportunidades, respectivamente, para 2009. Oportunidades pasará de US$ 4.500 millones a US$ 4.700 millones en 2009, y aumentará su atención a 26 millones de mexicanos.
Bolsa Familia subirá de US$ 4.500 millones a US$ 4.800 millones, este año. “Aunque haya una baja en la recaudación, el gobierno no recortará proyectos sociales, aunque para mantenerlos se endeude”, dice Márcia Flaire Pedroza, profesora del departamento de Economía de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo.
Ambos programas funcionan de manera condicionada. Los titulares de las ayudas pueden perderla si sacan a sus hijos de la escuela o dejan de cumplir con ciertos compromisos, como acudir a consultas médicas de tipo preventivo o recibir talleres de autocuidado para la salud, entre otros.
El programa Oportunidades otorga apoyos fijos, como el alimentario, que es de unos US$ 30 al bimestre, o el energético, que es de US$ 8,5 cada dos meses. También incluye becas escolares bimestrales, cuyos montos dependen del grado de estudio y van desde los US$ 20, en educación primaria, hasta los US$ 129, en educación media superior.
En el caso de Bolsa Familia los valores dependen del perfil del ingreso y la composición de la familia y van de los US$ 8 a los US$ 76 mensuales.
Pese a la buena focalización de los programas, algunos analistas creen que conforme la economía real vaya resintiendo más la crisis existe el riesgo de que para muchas familias sea más rentable mandar a sus hijos a trabajar que dejarlos en la escuela. “Si esto empezara a darse, posiblemente tendríamos que reajustar nuestros montos de becas”, dice Escobedo, de Oportunidades. Quizás la crisis sería menos amarga si también se aprovechase como una oportunidad para implementar más políticas novedosas de reducción de la pobreza.
Con Dubes Sônego en São Paulo.


